Regresión

Estimados amigos,

querría disculparme por no acercarme en los últimos días tanto al ordenador como de costumbre. Los motivos son muchos, y gran parte de ellos subyacentes al haber elegido la poesía como único motivo de vida. Esto, que bien sé que es incomprensible para muchos, puede convertirse en la denuncia o máxima de la desvinculación total entre el hombre y su entorno.

Sin embargo, no me he detenido en ningún momento; sí, es cierto que en muchas ocasiones es la propia desesperanza la que me empuja, y aunque pueda resultar paradógico, la que también socava por momentos ese pequeño rayito de luz.

Es obvio que las expectativas hacia la poesía han cambiado mucho en los últimos cincuenta o setenta años, no pretendo hacer un análisis de sus causas, que son muchas. Pero sin lugar a dudas, todavía queda mucha poesía en aquellos que han dejado de buscar, y así, casi de modo fortuito se encuentran con mis espectáculos, o más bien con el desconcierto que les produce.

Sé que atravesamos uno de los peores momentos a nivel socioeconómico, pero todavía se pueden hacer recitales o encuentros poéticos llenos hasta la bandera y en el entorno rural, tal y como ha pasado en mis últimas manifestaciones en Crecente y en Cambados, en un precioso paraje al aire libre. Esperemos seguir con la racha y que este fin de semana podamos redescubrir o intercambiar humanidad y buenas esperanzas, aunque estén lejos de mi corazón, se intentará en en Matamá (Vigo).

Amigos, si la poesía puede conseguir semejante repercusión donde puede existir y mismo describirse una hostilidad hacia lo que se desconoce, ¿qué no podremos aportar en muchos campos que creemos imposibles?

Aquí os dejo un poema de nueva cosecha. Se titula “Regresión”, creo que no he encontrado mejor modo de describir la tristeza que me producen esos nuevos nacimientos de personas rodeados de “alegría”, pues ya desde sus primeros pasos les ponen una máscara de gas, de algún modo, esta es la que les llevará irremisiblemente hacia la “normalidad”, es decir, a seguir clavando sus raíces en este mundo sintético que solapa la verdadera tierra verde de la que venimos. Es lógico que muchos de ellos mueran en el camino.

Eso sí, un sinfín de estas personas, también pueden, y sin quererlo, regresarán…

REGRESIÓN

Ha roto aguas.
Dentro del útero
hay alguien bloqueando
el filtro que succiona
el andamio inocente
del agua.

Esgrime la misma sequedad
que plastifica su rostro
en el hermetismo
del que ya sólo puede respirar dedales
de goma negra
en la llama que atraviesa la membrana
hambrienta
sobre un avispero de pulmones.

No se lo han dicho,
pero sabe que sobre el vientre de su madre,
alguien teje
una armadura de colchones
a imagen de los rostros
que sus padres vomitan
por respirar
en el calambre verdoso
de lo que todavía siguen
destruyendo.

Es cierto,
se desconocen respirando
la carcajada interior
de un antifaz
de polímero.

Silencio…

En unos instantes,
el tobogán de un bisturí
lo arrancará llorando
de la vida.

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