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“ÁGATA”, YA ES UNA REALIDAD

Portada ÁgataQueridos amigos y amigas:

Aquí está, “Ágata”, mi nuevo poemario, ya es una realidad para todo el que quiera hacerse con él. Sinceramente, no sé cómo describir este momento, son muchas emociones encontradas, horizontes rotos y otros que vuelven a mi mente; incluso podría tacharlo de poemario incómodo, pues en él he tratado de buscar viajando hacia el interior de mis entrañas. Hasta ahora siempre he dicho que escribía desde la verdad más auténtica, no he mentido, pero qué grandes verdades se encuentran en todos nosotros, algunas ácidas, otras coloridas, pero la mayor de las veces, proyectan una imagen que tiende a escaparse de nuestro propio autoconcepto y el de nuestra realidad. Personalmente me ha ayudado a conocerme mucho más y a ser más yo, de eso estoy convencido.

Por otra parte, quería hacer una breve reflexión sobre la experimentación. Hasta la llegada de “Ágata”, siempre negué taxativamente que en mis versos existiese ni un ápice de experimentación, pero ahora no he querido ver la realidad creativa solo desde el punto de vista del escritor, sino que he buscado la poesía coral, poniéndome en los ojos y hogares de cada uno de los lectores, ¿y con qué me he encontrado? Pues con que cada mente es un universo totalmente diferente a otra, por parecidas que sean. Por lo tanto, y haciendo una analogía con un escenario, las imágenes de mi libro, se representarán de un modo muy distinto en función de la persona que lo lea, por lo tanto el resultado de mis versos es impredecible, la respuesta es indeterminada, así pues, la experimentación existe. Y no lo he visto como un error del pasado, sino como un descubrimiento para hacer mejor las cosas.

Sin embargo, esto no me ha hecho renunciar a escribir largos poemas en los que el relato, las imágenes y el testimonio de la realidad se funden, eso sí, desde mi perspectiva; junto a otros en los que me he subido a esa mirada indeterminada del lector, y desde ahí, busqué la raíz que nos unía, saliendo trabajos inesperados pero muy verdaderos, de hecho, me siento profundamente orgulloso de ellos.

La temática, no sé si debería aventurarme a escribir sobre la temática de mi propio libro, creo que lo único que puedo decir es que tiene muchos motivos autobiográficos, imágenes muy desgarradas, y en contraste con otros libros míos, no solo se denuncia desde la temática, sino también desde la forma. ¿Es un libro críptico? No, esa palabra creo que le ha hecho muchísimo daño a la manifestación artística en general, es tan críptico como el agua del mar en la noche o como una flor que no había sido vista antes, o cual ave que vuela en un lugar deshabitado. ¿Son estas cosas elementos herméticos? ¿Lo es el aroma de una flor? Pues desde esa perspectiva hay que leer el libro, solo así podrá integrarse en nuestro ser, y lo digo con firmeza, pues lo he escrito con mi propia sangre.

Y lo prometido es deuda, aquí tenéis un fragmento del libro, “Obertura” es un poema que nació como una luz parpadeante, y no quiero decir más, poned vosotros el relato, en este libro también quise sugerir motivos para la creación intrapersonal. El poema junto con un pequeño fragmento de “Simetrías”, viene en la ficha de la editorial, donde podréis leer la contraportada, adquirir el pemario y leer el fragmento (aparece destacado en la parte inferior).

ENLACE: http://www.edicionesantigona.com/index.php/es/colecciones/poesia/agata

Queridos amigos y amigas, sabéis que me tenéis aquí, que seguiré escribiendo y a la vez compartiendo poemas con todos y todas, pero no puedo negar que cada libro que salga para vuestro hogar será más que un abrazo y un recuerdo imborrable. No lo sé, a veces creo que estoy escribiendo el testimonio de los sueños rotos, pero creo que aunque yo no esté, estos ya nunca morirán, seguirán vivos esperando el corazón inmortal del lector.

Gracias.

Un fortísimo abrazo:

David Fernández Rivera

www.davidfernandezrivera.com

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POEMA “REGRESIÓN”

Regresión

Regresión

Ha roto aguas.
Dentro del útero
hay alguien bloqueando 
el filtro que succiona
el andamio inocente
del agua.

Esgrime la misma sequedad 
que plastifica su rostro 
en el hermetismo
del que ya sólo puede respirar dedales 
de goma negra 
en la llama que atraviesa la membrana
hambrienta 
sobre un avispero de pulmones.

No se lo han dicho,
pero sabe que sobre el vientre de su madre,
alguien teje 
una armadura de colchones
a imagen de los rostros
que sus padres vomitan
por respirar
en el calambre verdoso
de lo que todavía siguen 
destruyendo.

Es cierto,
se desconocen respirando 
la carcajada interior 
de un antifaz 
de polímero.

Silencio...

En unos instantes, 
el tobogán de un bisturí
lo arrancará llorando 
de la vida.

Ellos sonríen.
Saben que la balanza de la escuela
proyectará sus retratos 
en el maletín hipnótico 
de lo que todos llevan 
en la alienación 
del impermeable atrapado
con la pinza

que sostiene
la dictadura 
escondida

en la hipótesis
enganchada
sobre los tablones
enroscados
de su máscara
de gas...

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Esta noche,

después de haberme reencontrado

con el perfil verdoso

le las antiguas barandillas,

y de atravesar sobre una cuña de vaselina

el inquieto trampolín

de la ciudad,

he decidido escribirte…

 

Confieso

que hace vacío unos minutos

desenredaba el ahogo

que tu sonrisa inocente

murmuraba en la sequedad de mi boca,

 

es cierto,]

 

esto pensaba

que conocerte

pasaron poco más

de unos meses,

y aunque apoyes el costado

de tu cuello

sobre la fiebre de mis manos,

son muchas las noches

que no consigo recordar lejos del quebradizo abdomen

de los ladridos.

 

Sé que esto no pasa,

y sin embargo,

la roldana de tus labios

tambalea en todos mis sueños

sobre la horquilla grisácea

de una pasarela ciudad.

 

Y te alejas…

 

Apenas han pasado unos meses

desde que arranqué

el último cigarro de tu boca,

y el dolor de la noche

me impide recordar aquel conglomerado de verdes:

un parque,

por entonces,

ya exiliado

de mi abierta sonrisa infantil.

 

 

Quizás

nunca me comprendas,

pero hasta las palabras más hermosas

ultrajan los senos de mis párpados

cuando estas parten en la comisura

de la metrópolis.

 

Es entonces

cuando sólo puedo escribirte

con el mismo dolor y perplejidad

que atraviesa

un diálogo entre el mar y las redes.

 

Y me alejo

en el rebote de mis uñas,

cuando estas

no pueden más que estrangular con mayor firmeza

la transparencia

del cristal que nos separa.

 

Estás conmigo,

y ambos somos de esta tierra.

 

Quizás por ello

y porque no pueda

verte,

decida escribir estas líneas

sobre uno de los pocos tallos ansiedad

que he topado lejos de los tornos triangulares que aletargan

la camarilla electrizante

de mis hospitales.

 

Está en el tallo verde:

es la flor.

 

David Fernández Rivera, “Alambradas” (Éride Ediciones, 2011)

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