Archivo mensual: mayo 2011

Poema y reflexión sobre aquellos que se evaden, para no siempre, echarse de menos…

Puede que la afirmación de que muchos individuos viven en la colonia de la evasión, no sea del todo nuevo ni indiferente para cualquiera que pretenda ver a la multitud con mirada escrutadora y un mínimo de sentido crítico.

Sin embargo, considero que en… esta evasión constante se esconde, no sólo gran parte de la nueva sectarización humana, sino que también dirige un nuevo instinto vital, anestesiando a todo aquel que viaje dentro de las mismas esquinas que pretenden alejarlos misteriosa y constantemente de lo que ellos son, o más bien, de lo que algún día fueron.

Profundicemos en las anteriores notas. En ellas menciono deliberadamente un nuevo “instinto humano” que sectariza. Por ello, y con el único afán de comprender tal afirmación, querría explicar cómo veo o podría describir este desarrollo evasivo. Para esto no se me ocurre nada más concreto y tangible que un ejemplo en el que intervenga el tiempo y la acción humana. Decía John Lennon que el presente es aquello que pasa mientras pensamos en otras cosas. No le faltaba razón, puesto que son muy pocos aquellos que disfrutan o viven lo que hacen; más bien podría decirse que sus innumerables acciones y actividades, no son más que un modo de mantener la cabeza ocupada, mientras se debaten en cómo seguir manteniéndola en un futuro.

Hete aquí la eterna búsqueda del entretenimiento. Sin embargo, esto no sería del todo peligroso sino generase unos fortísimos inhibidores hacia todo lo que es realmente humano y de lo que se busca el delirio constante de la emancipación.

Para comprobarlo, intentemos acercarnos a cualquier individuo medio desde las premisas del amor, libertad o solidaridad. Lo más probable es que pase de largo. ¿Por qué? Sin unos mecanismos que nos alejen con fuerza de lo que algún día fuimos y que todavía nos une de algún modo a la naturaleza, no podría germinar el gran cerebro que mueve, a modo de subconsciente social, todas y cada una de estas marionetas alienadas, y me refiero por supuesto, al EGOÍSMO.

***

Muy pocos discreparán de este en cuanto a la etiología de las más diveras catástrofes humanas, y sin embargo, nuestros hijos, jóvenes, maestros, e incluso nosotros mismos; vivimos constantemente en una cadena trenzada con las llantas forjadas en el interior de este mismo egoísmo.

Muchos quieren responder al porqué de este fenómeno aludiendo a la constante pérdida de valores, la aniquilación educativa, socialización precaria, nuevas tecnologías de la información, etc… Quizás a ninguna de estas declaraciones les falte razón, eso sí, yo considero que la gran clave para seguir adheridos a esta gran cadena de producción egoísta es el miedo, especialmente el miedo a la marginación y al sufrimiento. Eso sí, junto al placebo imaginario e irreal del éxito económico.

Y como la pescadilla que se muerde la cola, el pánico, lógicamente, potencia la evasión. De ahí nuestra sumisión a generar planes constantes e insulsos, proyectos laborales, aumento del ritmo de vida, drogas, alcohol, junto a la dependencia hacia las preocupaciones monetarias, etc… No pretendo generalizar, pero para mí, los más de seis mil millones de personas son, para bien o para mal, parte inquebrantable de un mismo tiempo, segundo o realidad.

Es ahora cuando querría formular la siguiente pregunta, ¿nos evadimos únicamente del miedo? Una respuesta afirmativa sería exageradamente optimista. En todo caso tendría más peso una huida del sufrimiento del que vive o de la vida misma. Ahora bien, ¿y cuando ya no queda savia? ¿Hacia dónde nos llevaría el camino de regreso? Pues seguramente a la nada, y con esto no prentendo ser catastrofista, pero considero que un gran porcentaje de la población se ha subido al tren de la evasión sin saber que se está entreteniendo o escapando, y lo que es más peligroso, olvidando lógica y completamente, aquello que les ahuyenta.

Y con esto no sólo pretendo transmitir un claro mensaje al sujeto de nuestros días, sino también a aquel que lucha por reivindicar algo nuevo y diferente. Y me refiero al humanista, al bondadoso, al animalista, ecologista, es decir, a todo miembro con voz e indignación en este planeta.

***

Quizás muchos de ellos también se pregunten lo siguiente:

¿Todavía tienen sentido el tradicional arte social, las banderas de la divulgación o las querellas contra el asfalto?

Después de lo expuesto, parecerá mentira, pero por supuesto que sí, ya que de otro modo, muy poco quedaría ya. Abrir nuevos caminos a las flores, prados, luz, hilos de agua o al hechizo del vendaval, sólo pueden conseguirse a través de esas junto a otras muchas vías. Ojalá no hiciesen falta, pero muy poca saliva de la tierra se encuentra ya en los ojos de cualquier hombre o mujer elegidos al azar.

Eso sí, la firmeza de estos canales ha de ir creciendo directamente proporcional a los esfuerzos evasivos de los que han entregado su identidad a los martillos que pretenden robarnos lo poco que nos queda. Y así, el que crea que en el arte como manifestación o cualquier otro tipo de diálogo está en proceso de recreación y no de invención, es porque no es consciente del gran universo de mentiras sobre el que es preciso aprender a escribir, luchar y destruir.

***

Quizás nunca fue tan duro ejercer el derecho a la revolución interior y exterior que en estos días. A pesar de todo, la reivindicación tiene una clara ventaja sobre la cultura del entretenimiento, y es que siempre permanece viva.

A fin de cuentas, aquello que se reivindica es lo que suele yacer olvidado en el interior más profundo del alienado, pero lo más importante es que no sólo no ha muerto, sino que renace cada primavera recorriendo el cuello vibrante bajo las crestas amarillas de una flor.

Y esto, y no otra cosa, es lo que pretendo representar en este poema. Por mucho que se alejen, que se oculten en sus momentos de soledad o en los momentos en los que el recreo y la ilusión del conocimiento sensible les abandone, siempre echarán algo de menos y que afortunadamente, en algún lugar tan lejano como desconocido para muchos, seguirá latiendo con fuerza. Este es el sentido de la vida, aunque los profetas de esta nueva dictadura del maltrato promulguen desde sus tribunas que hay que seguir buscándolo.

Desde mi opinión, quizás tan sólo haya que dejar de huir, o de modo análogo, deshacerse de los cimientos de porqués que todavía guían a las multitudes. ¿Para qué observarse en el único espejo cincelado con egoísmo?

A buen seguro que tras sus rayazos muy pocos echarán de menos lo que han “vivido”, y es que como tantas cosas que percibimos, nunca fue real.

ETIOLOGÍA DEL DOLOR

Todavía resuena en el elástico
de nuestra garganta de leña,
el portazo en los bastones
oxidados
de una espalda

que ya no puede volver atrás…

Hay un avispero de botones en el suelo,
y sus uñas se grapan
al tinte que recorre
el parabrisas geométrico
de un automóvil
bajo el recorrido circular
de la puerta.

Para ella,
todos los días
aprietan del mismo modo
la irritación incrustada
en el timbre
que responde bajo el hueco inflamado
en los escombros

de quien ya no quiere recordar.

Es entonces,
cuando los azadones metálicos del lacrimal
aprietan con fuerza
los surcos
de las cartas que ya no abre
en el miedo de impregnarse
de aquello que algún día descubrió
bajo el motor
que nos edifica
sobre los piñones engrasados
del rascacielos.

Sin embargo,
prefiere alejarse,
a través del cigarro
que filtra
la deformidad escolar
con la certeza inconclusa
en la muerte del poeta.

Es así como la astenia
sepulta el raspador
de quien sólo ve su crecimiento
en el trasatlántico
que navega sobre una cremallera
que hilvana con tornillos de azufre
el marco que retrata
la savia
en el insulto
donde los marineros atajan su indiferencia
con un troquel
plastificado en un residuo de monedas.

A ella le debemos tantos cementerios de asfalto,
donde se esfuerza en arrugar el neón de su sonrisa
sobre la agonía de unos bosques,
que sin saberlo,

todavía echa de menos…

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